A. V. F Barrio Parque Las Dalias

Diario de los sucesos en el Barrio Las Dalias (Mar del Plata)

La flor fénix: las cenizas del barrio Las Dalias.

04-07-2007 21:05:16

Cartel histórico de la entrada al barrio por calle Beltrán

TEXTO PUBLICADO EN INFOCAMET

La Comisión Normalizadora ya está cumpliendo sus funciones en la Sociedad de Fomento del Barrio Las Dalias. Se recuperaron socios, se están haciendo los últimos balances y un aire nuevo y esperanzador cruza el Arroyo la Tapera.


Un poco de historia, para comenzar, no hace mal. Ya que “testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria y maestra de la vida”, como la llama el Quijote, la historia de la sociedad de Fomento del Barrio las Dalias, se deja entrever en la memoria de los viejos vecinos del Barrio y se guarda atesorada desde los primeros libros de actas. Un libro azul conserva aquellas primeras reuniones esperanzadoras del año 1984, cuando un grupo de vecinos formaron “la junta” de la Patria más pequeña —luego de la familia— que comprendía los barrios Alto Camet y Las Dalias. Este último es un barrio a las orillas, detrás de la Tapera, más allá de lo que hoy en día la Municipalidad sigue designando como ejido urbano, y que en aquel remoto segundo año de Democracia esperaba poder tener sus representantes para solucionar los problemas de los que siempre se retuercen los barrios. De a poco se fueron logrando objetivos, esos primeros hombres lograron tener su estatuto, su personería jurídica y un convenio económico con la Municipalidad. Con todo esto se consiguieron hacer mejoras, mantenimiento, todo aquello que es la función de una sociedad de fomento. Esas son las finalidades de la Asociaciones, en el primer punto del estatuto se determina que ese grupo de hombres que integran la comisión tienen que ser un brazo que se extiende hasta la Municipalidad y espera de ésta que le dé una mano: todos sabemos que un brazo sin una mano es apenas un muñón, uno de los atributos de los tantos piratas que han desembarcado en la ciudad. Ya se sabe que a un pueblo chico se le augura un infierno grande por lo tanto hay que imaginarse que caterva de demonios se le espera a la historia de un barrio chico. Los hombres de Las Dalias trabajaron duramente y gratis —los fomentistas no cobran, hay que acabar con ese mito urbano— durante diez años, consiguieron que se le otorgue la sede de la calle Los Talas (3757), pero un día a una mano regordeta se le ocurrió meterse en la lata y con el filo del borde la Sociedad se mancó. Por una sola mano pirata, por una sola y, claro está, por la falta de diálogo entre todas ellas, todos los hombres fueron cuestionados. Pasaron mancados durante diez años, “solo y al costado como un perro solo” al igual que un tango, una comisión que luchó contra molinos de vientos, hasta que se cansaron y volvieron a ser ese hombre enfermo y moribundo llamado Alonso Quijano que en algún tiempo soñó ser Don Quijote. Las Dalias quedó sin socios y sin dirigencia, desojada y mustia olvidada en el florero de su nombre.
No sabemos con cuanto acierto —habría que cuestionárselo seriamente— una canción popular —la canta la mujer de cuarenta y el muchacho de al lado— dice “nunca es triste la verdad, lo que no tiene remedio” Pero, por el contrario, esta Verdad, la Verdad de la Asociación Vecinal de Fomento del barrio Las Dalias es realmente triste y tiene remedio. Luego de buscar asesoramiento jurídico y contable —y con la buena voluntad de la desgastada comisión anterior— se llegó a la conclusión que la entrada de una Comisión Normalizadora integrada por cuatro vecinos era el comienzo de la solución. Carlos Aletto, José Colello, Beatriz Montoya y Miriam Musumano tienen la responsabilidad histórica de replantar la Asociación y conseguir reimplantar la mano encontrada dentro de la enmohecida lata de la pirata, así con rima y todo.
La Comisión Normalizadora —en mucho menos de un mes— ha conseguido, a través de una amnistía económica, recuperar socios y asociar a nuevos, insuflar con aires nuevos la esperanza desinflada y colocarles nuevos pétalos a Las Dalias. Por otro lado está Comisión Normalizadora —su solo nombre está colmado de expectativas— está confeccionando un estado de situación patrimonial que servirá de base para continuar con la contabilización de la actividad social y, por último, —paradójicamente la brevedad de la Normalizadora es esencial para su vida— convocará a una Asamblea conforme a las normas estatutarias para considerar los estados contables adeudados, el estado patrimonial a la fecha de la iniciación de la regularización y la elección de autoridades. Todo esto en dos meses, porque como se decía en la Edad Media cuando un hombre iba a ser decapitado “aún hay vida entre el hacha y el tajo”. Pero ojito, depende sólo de los vecinos que apoyen esta movida desinteresada de otros vecinos que pretenden dar su tiempo y su dinero para que estos vuelvan multiplicados al barrio. Y todos pueden trabajar, controlar, todos deben hacerlo, al menos para no salir luego a decir, “mirá aquel no hizo nada y este menos” Estos vecinos, estamos seguros, trabajarán y sabrán soportar aquel folclore de que los fomentistas viven de la Asociación, soportará sin bajar los brazos que otros injustamente salgan a criticarlos, pero no estarán dispuestos a escuchar a aquellos que toda la vida dijeron que él lo haría mejor, que está dispuesto, pero ahora que tiene la oportunidad de demostrar lo que dijo y sin embargo amaina el plumaje como en el poema de Almafuerte, aquel del no te des por vencido ni aún vencido. A trabajar o a controlar se ha dicho y que la palabra se haga carne, y no quede en pura Verba inútil y vacía, maliciosa y cobarde, como la puñalada de Chirino a Juan Moreira, por la espalda. Es tiempo de recuperar la mano que la Municipalidad —como en los castigos más crueles— le quitó por aquel garfio en la lata y así lograr extender más allá del arroyo el ejido urbano, para no permitir que estas orillas mezcla de barro y verde insular que dieron en llamar Las Dalias (barrio florido y por hacerse) no quede —como encontró su casa en la “vuelta” el Martín Fierro— tapera.



Detalle del cartel en reparación.

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